- Nos vemos junto al árbol de zapatos, le dije.
Y ocurrió algo muy extraño, al siguiente día cuando yo llegué ya estaba ahí, eran las 8:00 en punto, no hubo siquiera necesidad de esperar un sólo segundo, con seguridad mi punto de encuentro le intrigaba.
Y su mirada perdida en el árbol, sólo veía el árbol de zapatos y nada más le importaba. Ella llevaba zapatos negros de tacón, tenía frío y se veía nerviosa.


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