Cuándo estés a la deriva
en ese mar misterioso y hambriento,
déjate llevar hacia las rocas,
pues toda lucha por evitarlas
será inútil.
Y si logras vencer el miedo a la muerte.
Las sirenas llegarán y también su canto,
y serás el hombre más afortunado,
el más dichoso.
Y con una sonrisa en el rostro,
tu corazón se henchirá de dicha,
tus pulmones se inundarán de gozo,
y esperarás impaciente
tu encuentro con las rocas.


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