Magdalena esperaba a su Jesús todos los días en su balcón y lo esperaba con la paciencia de una santa, Jesús le había prometido que volvería y se casaría con ella pero veinte años habían pasado, Magdalena había envejecido y como si se lo hubiera tragado la tierra, nada sabía de su Jesús.
Algunos días, la pobre Magdalena luchaba por asirse de sus últimas esperanzas y plena de emoción veía desde su balcón la silueta de su hombre en el horizonte, pero ésta, repentinamente desaparecía. Otros días, apenas podía pararse de su cama desbordante de perfume de rosas y azahares y cuando lo lograba, se pasaba el día tirada en el sillón de su estudio leyendo historias de amor que no tenían otro efecto en ella mas que entristecerla aún más al grado de hacerla pensar varias veces en acabar de una vez por todas con ese sufrimiento.
En la época de lluvias acudía al Puente de la Salvación y amenazaba con tirarse al peligroso río pero cuando se daba cuenta que nadie presenciaba su amenazaba corría despechada a su casa para llorar, uno, dos, hasta tres días seguidos, hasta que se agotaban sus lagrimas y se quedaba dormida. En los días en que hacía mucho viento, Magdalena subía al Monte de la Pasión y trepaba a las ramas más frágiles desafiando a la gravedad y a la muerte. ¡Qué mala suerte tenía Magdalena!, las ramas nunca cedieron y ella nunca tuvo el valor suficiente para arrojarse al vacío.
Alguna vez, una anciana la vio trepada en lo alto de la Parroquia de la Esperanza y le encargó que revisará el reloj y sonara las campanas pues era la hora en que todos debían adorar al Señor. A partir de aquel día, Magdalena se hizo la "ayudanta" de la Sacristía: recogía la limosna, limpiaba el templo, visitaba a los enfermos y a los pobres, pero nada se comparaba con la agradable experiencia que sentía al representar año con año a la María Magdalena de la Pasión, parecía que ese papel estaba hecho a su medida, llevar el mismo nombre no es una coincidencia aislada, pensaba. Esperaba la Semana Santa con las ansias de un moribundo por recibir la comunión. Cientos de personas de otros pueblos acudían a verla llorar, Magdalena se hizo famosa, la llamaron "La llorona de la Pasión".
Pobre Magdalena que llora de rabia por su Jesús, por ese Jesús mentiroso que nunca volvió.


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