Las manos de María.

María es un hermosa niña de ojos azules y de piel tan blanca como una hoja blanca en blanco, en sus mejillas siempre rosadas se dibujan dos hoyuelos cada vez que se ríe, por cierto, María se la pasa riendo todo el día. Eso sí, María es una niña de manos raras, la desgraciada -en el buen sentido de la palabra, si es que lo hay-, tiene los dedos tan chuecos que sus compañeros se asustan cuando levanta la mano en el salón de clases para participar, su maestra la ignora magistralmente y en misa, muchas veces la han dejado con la mano extendida a la hora de dar la paz. Cuando alguien le pregunta su edad, María se esfuerza en contar hasta cinco con la mano derecha, nadie le entiende; sus cinco dedos deformes no hacen figura, sólo se retuercen sin sentido. Falta decir que los dedos de María siempre están acompañados de unas uñas largas y mugrosas que buscan constantemente alimento en la tierra, en los nidos y en su nariz. María tiene padre y madre pero estos la odian por ser una niña deforme, no sólo las manos de María los avergüenza, también sus pies que arrastra irreparablemente al caminar, siempre descalzos por supuesto, - No hay zapato que le quede, atestiguan sus padres, yo creo más bien que no quieren gastar lo poco que tienen en unos zapatos que María se acabaría en un dos por tres. Es muy raro pero nadie se fija en su cara.

Una última cosa: las palabras favoritas de María son dos: hermoso y hermosa. Todo es hermoso en este mundo, me dice.

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