Enemigo público desconocido # 45.


Desde el primer segundo que te vi fuiste una candidata a mi lista y unos minutos más tarde estabas en ella, en un glorioso sitio además pues quiero decirte que el lugar que ocupas en mi lista es el segundo. La mayoría de las veces suelo tardar horas para llegar a odiar a alguien pero tardé 5 minutos en odiarte a ti.

No eres llenita ni de hueso ancho, eres gorda y también eres fea, no eres curiosa ni poco agraciada, simplemente eres fea, eso si no sé si eres más gorda que fea o al revés, creo que eres tan gorda como fea. Quiero advertirte también que lo que a continuación voy a decir sobre ti no terminará con un adjetivo positivo como es común, la gente siempre dice al final algo como: "pero es buena cocinera", "pero tiene un corazón noble"; cualquier adjetivo cuyo fin sea contraponer en peso una balanza completamente cargada de odio, de odio tan puro como el oro, de odio tan puro como Emerico de Hungría, de odio tan puro como el galgo afgano.

Sí, te odio y ni siquiera conozco tu nombre y es que debes saber que no se necesita conocer el nombre de una persona para odiarla. Te odio por hablar tanto y por hablar mal, te odio por hablar más de lo que un cerebro promedio puede soportar en un día promedio: hablas y hablas y hablas y hablas y más hablas, nunca paras... y dos pequeñas burbujas blancas en la comisura de tus labios son la evidencia.

Te odio tanto, taaaaanto, taaaaaaaanto y sólo te he visto una vez. Si alguna vez te volviera a ver déjame decirte que prefiero imaginarte más monstruosa, más cochina, más gorda, más cotorra, más fea pero también más feliz.

p.d. Te recuerdo que las hijas no son reloj, tampoco perchero.

No hay comentarios: