La temida red.

Joaquín volvió a caer en la red y ya se lo esperaba, desde que le llamaron ese día por la mañana presentía su derrota, quiso posponerla un poco y cambio la cita dos veces: de las 2 a las 4 y de las 4 a las 6.

Acordaron finalmente verse en un pequeño café, uno de esos cafés con sillas incómodas que la gente conoce comúnmente como "equipales". 

Joaquín había perdido una vez más, conocía la red y sabía que era difícil zafarse. Dos horas bastaron para darse cuenta de su estado: enamorado, perdidamente enamorado.

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