El destino de Inés.

Inés no creía en el amor, tampoco en las palabras dulces,
odiaba las rosas rojas, los monos de peluche, los chocolates y los poemas, pero más odiaba a los poetas.


Estoy hecha sólo para ser amada, pensó.
El único problema era que Inés daba lo mismo que le negaban: todo.

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