-Mario, ya se nos hizo tarde.
-Pues sí, ya ni modo, le contestó el anciano.
-¿Qué hora será?. Creo que vamos tarde.
Al pasar yo a su lado, la señora me preguntó:
-Oiga, ¿sabe qué hora es?
-Las 8:10, respondí. Bueno, de hecho son las ocho y doce.
-Y... ¿Podría decirme cuántas cuadras faltan para llegas a la Calzada?
-Dos, pero son muy largas, le dije.
-Sí, son cuadras panteoneras, las conocemos bien joven pero ya vamos muy tarde.
(No quise ayudarlos, ni siquiera lo pensé, lo pensé después, esa misma noche y antes de dormir pero en ese momento, no).
Lo que me sorprendió de estos dos ancianos es que caminaran con tanta seguridad y tan rápido, esquivando -eso sí, con un poco de dificultad-, baches, personas, basura y automóviles.
Al voltear enseguida hacia la parada de autobuses me di cuenta que todos comenzaban a caminar más lento y a tropezar, chocaban entre sí, incluso yo comenzaba a ver borroso. Recordé a las dos personas que me había encontrado unos minutos antes. Todos somos ciegos, pensé. La única diferencia es que esos dos ciegos no pueden ver y nosotros no queremos ver.
Comenzaba a ver claro...


2 comentarios:
Y porqué será que nosotros no queremos ver?
Me pusiste a pensar, pero definitivamente mi acervo cultural no es tan grande.
Saludos.
Anahi.
Espero que te guste el blog.
Tu acervo cultural es tan grande o tan pequeño como quieras.
Saludos bajo cero.
Ramón.
Publicar un comentario