Nadie sabe todo.

Desde hace diez años, Don Benito vive en Barcelona, entre Tarragona y Gerona en un liliputiense departamento que en el Carrer dels quatre camins lleva el número 13. Antes vivía con Catalina de Aragón en Sant Miquel pero la muerte de esta señora ha cambiado muchas cosas en su vida. Excéntrico y concéntrico, Benito es uno de esos extravagantes personajes que estudian no sólo para estar solos pero para ser solos. Un "solo estudiado" lo llaman en el barrio.

Hay tres datos cruciales para Benito que, por su mala suerte ignora:

I. La señora Catalina de Aragón -suicida ejemplar- no murió de vieja como él y todos piensan, II. Catalina de Aragón no era su madre sino su hermana y III. Su padre es carnicero y vive en el edificio de enfrente. Con mucho gusto les diría queridos lectores quién es la madre de Benito pero eso hasta yo lo desconozco.

Describir a la señora Catalina es muy fácil, una sola palabra -aunque compuesta- la precisa: posesiva-controladora-mentirosa. La madre de Benito me recuerda al anuncio de un producto de limpieza que vi hoy después de comer: "Tres en uno" decía la güera del comercial, "aromatiza, limpia y desinfecta", (Posesiva equivale a aromatiza, controladora a limpia y mentirosa a desinfecta).

Pero no todo es malo en la vida de Benito, como no conoce a nadie ni nadie lo conoce puede darse ciertos lujos, el de inventarse parientes por ejemplo. Así las cosas, Benito tiene un tío franquista en las Azores con ç, unos primos mexicanos dueños de una exitosa empresa tequilera, una hermana afincada en Japón casada con un artista frustrado, un sobrino drogadicto que lucha por dejar el vicio y un hijo.

- A mi hijo no lo conozco, dice Benito.

Lo mismo diría Don Sébas, el carnicero de enfrente si alguien le preguntara.

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