Una triste mañana te encontré, tirada en medio del patio de arriba, a la mitad para ser exactos, 26 onzas a la izquierda y 8 meses a la derecha del manantial.
Estabas hecha pedazos cual calabaza desplumada en venganza por ser dulce y salada.
Ya sólo eras pulpa de mis recuerdos secándose al sol de una tarde de junio sin tormenta, semillas regadas de suertes y desgracias.
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