El tremebundo café Arles.

Ayer fui al café Arles, un sitio que me pareció verdaderamente horrible, lo peor de todo es que ya me habían advertido de este tremebundo lugar y no hice caso, la verdad no tenía otra opción, A me había citado ahí y no tuve tiempo suficiente de sugerirle otro lugar, tampoco me dejó decir que no, mucho menos pude fingir otro compromiso inventando alguna de esas mentiras increíbles que nadie se cree, pude decir algo como: "Olvidé alimentar a mis arowanas asiáticos y la única tienda en la ciudad donde venden grillos frescos cierra a las ocho, discúlpame pero son las siete, no puedo ir" o "Mi vecina tiene sesiones de quimioterapia y la voy a acompañar pues no puede caminar ya que un tiburón blanco la atacó en su luna de miel al Caribe y perdió la pierna izquierda, en otra ocasión será ". Ustedes podrán decirme que todo se pudo haber solucionado simplemente no presentándome a la cita pero me gustaría recordarles que ustedes no conocen a A.

¿Han visto la gran facilidad con la que me distraigo y me salgo del tema?, les decía que el café Arles me pareció un sitio verdaderamente horroroso principalmente debido a sus paredes atestadas de litografías de Vincent y no es que no me gusten las pinturas de Vincent sino que en ese lugar había demasiadas y es importante que sepan que los lugares con exceso de litografías siempre me han aterrorizado. Señores Psiquiatras tomen nota: "Fobia a los espacios con exceso de litografías".

De inmediato pensé que sólo hacía falta poner algunas en el techo y pensé también en sugerírselo al propietario del café pero muy probablemente no me tomaría en serio y muy seguramente me echaría del lugar a patadas: "no te conviene, recuerda que tienes una cita en este lugar, ¡a callar!" me dije a mí mismo.

Poco después pensé que todo podría ser mucho peor, el dueño del café -por ejemplo- podría haber acondicionado el negocio de tal manera que imitara a la perfección la habitación de Vincent en Arles, colmando las paredes de cuadros a distintos tamaños, todos ellos con la misma litografía: Slaapkamer te Arles. Todo eso pensé en unos cuantos segundos mientras una joven pelirroja se dirigía directamente hacía mí.

- Buenas tardes señor, me dijo y me condujo a una mesa para dos.
- En efecto, somos dos.
- Pensé que sólo era usted señor pero es la única mesa que tenemos.
- Le agradezco entonces y acompañé mi respuesta con mi habitual mueca extraña.
- Es lo más parecido a una sonrisa que usted podrá ver en la cara de alguien con Parálisis de Bell, pero descuide yo no padezco esa condición.

Al oír esto, la pelirroja se horrorizó y me aventó la carta con un gesto que evidenciaba repugnancia.

-Llámeme cuando este listo, dijo en voz baja y entre dientes al retirarse.
-Ya estoy listo señorita, no necesito consultar la carta.
-Quiero un expreso doble, sólo eso.

La vista que tenía de la calle era realmente enfadosa y diez barrotes me quitaban un tercio del paisaje, esto no es un café, tampoco la habitación de Vincent, esto es una cárcel pensé. Al retirar la silla para sentarme arruiné el parquet y el daño quedó oculto bajo mi zapato izquierdo, creo que nadie lo notó ni siquiera la despistada pelirroja pero no estoy tan seguro, poco después un tornillo de mi silla cayó al piso y nuevamente me apresuré a ocultarlo ahora con el pie derecho, dos personas advirtieron el hecho esta vez. Pensé que estaba acabado si me daban ganas de ir al baño o si repentinamente se presentaba un terremoto o un incendio, moriría quemado o bajo los escombros, sólo por curiosidad y para dejar de pensar en catástrofes -algo muy común en mí-, tomé la carta para darle un vistazo pero no tardé en encontrarme en el piso junto a mi silla hecha pedazos vencida por el peso de los años.

La pelirroja me miró con una cara de completa satisfacción, le pedí la cuenta y sin tomarme el expreso siquiera me apresuré a huir de ese peligrosísimo lugar, era evidente que permanecer en el café Arles un minuto más podría haber sido letal tanto para mí como para los objetos que en ese lugar se encontraban.

A me llamó hace unas horas para disculparse por no haber ido a la cita, me dijo que tuvo que llevar a su madre karateca a la ceremonia de entrega de su cinturón negro "suyo de ella" ya que su padre está de viaje de negocios en el polo sur, o sea, en la Antártida me aclaró (como si yo no supiera diferenciar los polos).

1 comentario:

Anónimo dijo...

:) felicidades Ramón una descripcion maravillosa del espacio.