3 aplausos.
Paula estaba en el hospital de Burgos, moribunda. El Dr. Abreu me había dicho que podía pasar a verla, bueno en realidad me dijo que debía pasar a verla. Francamente creo que su final se acerca joven, me dijo, se le ve muy mal, sólo un milagro podría salvarla, pero yo no creía en los milagros y Paula tampoco, así que para nosotros esa única esperanza no valía un centavo. Me acerqué a Paula y le dije cuánto la quería, sus manos -frías y azules- eran las de un cadáver, cuando me aferré a sus manos, ella me soltó delicadamente y luego procedió a realizar ese ritual extraño que todavía no logro comprender y que consistió en deslizar su mano derecha delicadamente en mi antebrazo, golpear mi mano con la suya tres veces, tres aplausos (me acordé que siempre hacía eso cuando íbamos al teatro y no le gustaba la obra), para finalmente llevarse el dedo índice a su boca y recorrer sutilmente sus labios.
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