La habitación estaba inundada y cualquier intento por salvarme sólo me hundía más, todo resultaba inútil, absolutamente todo. Además, nunca antes había llorado tanto, ni siquiera cuando fui a buscar ranas al estanque. Llorar era sin duda un deporte peligroso y dolía cada uno de los huesos, momentum osteoporosis.
Había llegado a visitar a L sin saber bien porqué y al inicio todo era bondad, paz y alegría pero luego algo salió mal y a partir de ahí, las cosas sólo empeoraban. ¿Por qué no vienes aquí? necesito hablar contigo, le pedía yo pero ella se mantenía aferrada al filo de la puerta mirándome de reojo, incrédula y decepcionada, muy decepcionada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario