El otro día apenas me acordé de que en tiempos gloriosos yo era una piedra de hormiguero, lo supe mientras observaba la entrada triunfal de cinco nuevos miebros a la comunidad, lo supe dulcemente.
Era una piedra de hormiguero de color ámbar pero sin glutén, tenía forma irregular y triste como el Quijote y todos se reían siempre de mí. Las hormigas me dejaban siempre en las afueras de la ciudad, lejos del ruido y del espectáculo diario. Longe de mim.
Sí, lo sé, las piedras y sus propiedades quasi mágicas, quasi divinas pero a nadie le importa si eres aislante cuando eres aislado, a nadie le importa cubrirse del fuego cuando el fuego tiene el tamaño del sol y es que hay que estar conscientes de que el sol parece más grande cuando se es una piedra de hormiguero.


1 comentario:
brillante!!! No esperaba menos...B
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